"Movió sus aletas como si volara; de arriba a abajo, y de abajo a arriba, desplazando grandes cantidades de agua, hasta que los orificios de su nariz afloraron a la superficie. Llenó los pulmones de aire, y volvió a sumergirse: embrujada el agua en su presencia, convertida en oro."
Emergió del sueño, y respiro el aire rancio de la habitación.
Mario Zabala, artesano. Eso ponía en la tarjeta que le tendió al hombre. En la otra cara, el dibujo de una especia de corazón saliendo de entre unas montañas, como si fuera un amanecer, aunque más que un corazón, parecía la cola de una ballena.
- "Biotxa berri"- leyó el hombre - ¿qué significa?
- Corazón nuevo.
- No veo ningún número de contacto.
- No tengo teléfono.
- ¿Y como puedo localizarte?
- Suelo andar por aquí, pregunta a la gente.
La feria de artesanía era itinerante, se celebraba todos los fines de semana de julio, en varias localidades vascas.
A Mario no le gustaba nada andar con sus obras de aquí para allá en la furgoneta, además del estés que le suponía tener que montar el puesto cada día, siempre se producían desperfectos en algunas de ellas.
El eco del golpeo del cincel sobre la roca de cuarzo, reverberaba en los túneles de la vieja mina romana abandonada. Mario, con la lamparilla de espeleólogo en la frente, se encontraba completamente concentrado en su tarea: "La gran obra".
El 14 de julio, se celebraba en Amorebieta la 2ª muestra de la 6ª edición de la feria de artesanía itinerante. A las 7 de la mañana, Mario ya estaba en su puesto, colocando sus obras en las endebles mesas que usaba para mostrarlas y venderlas. En la parte trasera, colocó una madera donde colgaba los Kaikus, argizaiolas, laburus y bastones, y en el suelo las sillas y cofres con motivos vascos.
Estaba nervioso, le habían encargado hacer una demostración de tallado de madera a las 12. Este tipo de cosas le suponían una gran ansiedad, aunque sabía que en cuanto cogiera el cincel y el martillo, y viera la forma escondida en la madera, sería imbuido por las procelosas aguas de la creatividad.
"Entre astillas y virutas, surgió el rostro embelesado de una mujer, cuyos labios le dieron las gracias por liberarle."
Los aplausos le sacaron de allí. El sol le había estado dando de lleno en la cabeza durante toda la demostración, por lo que sufrió un pequeño vahído. Dando las gracias, se sentó en una silla, bajo el toldo de la furgoneta.
Un hombre se le acercó, le resultó conocido.
- Hace calor eh!. Has hecho un buen trabajo - Mario le miró con extrañeza - antes, me refiero, aquel busto de mujer.
- Ah! si claro.
El hombre le ofreció la mano.
- Me llamo Luis, Luis Alcátara, soy tratante de arte. Nos conocimos la semana pasada, en Urretxu.
- Si, ya recuerdo.
- Quería proponerte algo - Mario le miró a los ojos: Estaban secos, como charcos evaporados por el sol - Tengo pensado dedicarme al mercado de artesanía al por mayor, y necesito un nombre relevante para certificar la calidad de los productos, como Subijana y sus quesos, por ejemplo. Sólo tendrías que hacer algunos anuncios, y poner tu firma en los productos. Ganarías mucho dinero, y sin mover un dedo - Mario se quedó pensativo - No tienes que responder ahora, llámame cuando tomes una decisión - dijo dándole una tarjeta - qué tengas un buen día.
Mario le hizo un gesto con la mano, y se sumergió de nuevo en sus pensamientos.
"La inmensa cola emergió de la superficie y la golpeó haciéndola añicos. No fue una muestra de poderío, sino una consecuencia del mismo. Mientras, los tiburones, recelosos, merodeaban alrededor."
La marca "Mario Zabala" fue todo un éxito. Las máquinas producían miles de Kaikus, laburus y demás, con su firma grabada, que empaquetaban y enviaban a tiendas de souvenirs de toda España.
En los anuncios, aparecía un sonriente Mario trabajando en su taller:"Siglos de tradición vasca en su casa".
"El chorro de agua surgió del orificio como un resoplido satisfecho, asustando a las gaviotas. Entonces le vio: Era Acab, le gritaba y maldecía con su arpón en la mano. Sintió un ligero pinchazo, y el agua se tiñó de rojo alrededor. Sabía que era mortal: Las aguas se abrían a su paso, hacia los abisales abismos de la muerte."
Le encontraron muerto en su cama, en el taller, que también era su casa: Su enorme cuerpo parecía una talla de madera más, de entre las numeroras que poblaban la casa.
Irene se acercó al cuerpo de su tío. Le pareció forzada la expresión de su rostro, y excesivo el brillo de sus mejillas por el abuso de maquillaje. Pensó que no sabía nada de lo que había habido debajo de aquella máscara, y sintió cierto remordimiento, aunque era más fuerte el fastidio de tener que hacerse cargo de todos los temas administrativos de la defunción.
A los días, el abogado le llamó a su despecho. "Por lo menos sacaré algo de provecho de todo ésto" - pensó.
- Buenos días. Siéntese - le dijo con aire profesional - resulta que su tío no hizo testamento, por lo que sus bienes pasan a ser de su propiedad, al ser el único familiar vivo del difunto - Irene esperó expectante a que continuara - los bienes de su tío suman 120.000 euros, que es el valor de su casa taller, y un terreno en el valle de Leizarán.
- ¿Y todo el dinero que ganó con su marca de artesanía?, fue todo un éxito.
- Si, pero en el contrato que firmó, no incluía porcentaje de las ventas obtenidas.
- Que le timaron, vaya.
- Me temo que así es. Aquí tiene las escrituras, es todo lo que hay.
Irene las miró decepcionada. "Bueno, en donde no se ha sembrado no se puede recoger" - pensó.
Irene recorría la vía verde de Plazaola, antigua vía de tren habilitada como bide-gorri, que cruzaba el valle de Leizarán.. Consultó el mapa, y cruzó "El puente de las brujas", internándose en el valle.
"Aquí empieza el terreno de mi tío" - pensó al llegar junto a unos robles. Se extrañó de que no hubiera ninguna valla que limitara la propiedad. En el mapa que encontró en el taller de Mario, había una cruz junto a un río. encontró el río, y con el GPS encontró el lugar exacto donde estaba la cruz. Se sorprendió al ver un orificio escarbado entre grandes rocas. "Deben de ser las antiguas minas romanas que según he leído se encontraban por aquí"- pensó. Sacó la linterna y se internó en las galerías. Pese a la sensación de claustrofobia y humedad, siguió avanzando por los estrechos pasadizos, hasta llegar a una estancia más grande: "Creyó escuchar como un canto,como de trompas de agua tocadas por sirenas, que le había llevado hasta allí". Parecía inverosímil la enorme cavidad que se abría allí, y más inverosímil la enorme estructura blanca que ocupaba el centro de la misma, y que apenas iluminaba los haces de luz de la linterna. A su derecha, creyó distinguir una especie de interruptor colgando de un cable en la pared. Lo accionó, encendiendo un rudimentario sistema de iluminación: "Varada en medio de la tierra, la gran ballena blanca descansaba en paz".
Donde habitan "los migalas"
Donde habitan "los migalas" (De cuentos y arañas)
viernes, 26 de junio de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
Espirales
El niño no podía dejar de hacerlo; hacía girar la peonza con la mano, y miraba fascinado como las rayas que tenía dibujadas, formaban una espiral que bajaba y bajaba sin fin.
Un hombre que le observaba se le acercó y se agachó junto a él.
- Bonito eh! En realidad, las lineas no bajan, es una ilusión óptica.
El niño siguió con su juego.
- De todas formas, la espiral es un elemento básico de la vida, se da en muchas de sus manifestaciones, como en las caracolas, enzimas,....
El niño parecía no prestarle la más mínima atención.
- Dicen - continuó el hombre - que las espirales son puertas de paso entre dimensiones; del macrocosmos al microcosmos, de lo más grande, a lo más pequeño; pero no son más que teorías fantásticas.
El hombre miró al niño, que seguía absorto en la peonza.
Ante la aparente absoluta falta de interés del niño a sus palabras, el hombre se incorporó y se marchó. De pronto, se detuvo, y se volvió: El niño había desaparecido; la peonza seguía dando vueltas y vueltas.
Un hombre que le observaba se le acercó y se agachó junto a él.
- Bonito eh! En realidad, las lineas no bajan, es una ilusión óptica.
El niño siguió con su juego.
- De todas formas, la espiral es un elemento básico de la vida, se da en muchas de sus manifestaciones, como en las caracolas, enzimas,....
El niño parecía no prestarle la más mínima atención.
- Dicen - continuó el hombre - que las espirales son puertas de paso entre dimensiones; del macrocosmos al microcosmos, de lo más grande, a lo más pequeño; pero no son más que teorías fantásticas.
El hombre miró al niño, que seguía absorto en la peonza.
Ante la aparente absoluta falta de interés del niño a sus palabras, el hombre se incorporó y se marchó. De pronto, se detuvo, y se volvió: El niño había desaparecido; la peonza seguía dando vueltas y vueltas.
sábado, 13 de junio de 2015
Un instante de claridad
El anciano cogió la botella de plástico del suelo, la miró con extrañeza, y la levantó para verla a trasluz. Entonces su boca y sus ojos se fueron abriendo hasta desencajarse de la cara, y cayó fulminado.
domingo, 24 de mayo de 2015
Perdido
Dicen que tengo un problema, pero yo me siento bien, no me duele nada. La cosa es que me pierdo. Me pierdo en el monte, lo que pudiera ser normal, o en las carreteras, con el coche, que también; pero me pasa lo mismo en el museo, en la ciudad donde llevo 20 años viviendo, en el centro comercial,...............
Debe de ser un problema de orientación. Yo no le doy importancia, pero Ernesto me dice que es un problema muy serio, ya que nunca podré llegar a ningún sitio al que me proponga ir. Bueno, no será para tanto, además, tampoco es que tenga muchas aspiraciones.
Me sucede desde niño. Recuerdo que el profesor me tenía que acompañar al servicio cada vez que tenía que orinar, para que no me perdiese. Lo pasaba mal, porque los demás niños se reían de mi.
La adolescencia no fue tan mala, porque aunque no tenía amigos, a nadie de mi alrededor le sorprendía mi falta de orientación.
La cuestión es que es un tema espacial, porque consigo todo lo que me propongo, menos llegar a un sitio físico concreto, ¡no hay forma oye!
Ahora estoy embarcado en un proyecto que me tiene completamente absorbido; se trata del Mapa Universal, un mapa para poder llegar a cualquier parte del mundo, por inhóspito o insignificante que éste sea.
Pero es un tema complejo, ya que el mundo se transforma constantemente, y donde había un parque, ahora hay un centro comercial.
Google ha intentado hacer algo parecido, mandando coches con cámaras por todo el mundo, pero éstos coches no pueden llegar a todas partes, y además la información no está debidamente actualizada.
Tendré que hablar con la NASA, la única solución para mi proyecto está en una vigilancia constante de todos y cada uno de los rincones del mundo, y me consta que aunque esté prohibido por los estados, por violar el derecho de intimidad, los satélites de la NASA lo hacen.
De momento, seguiré recorriendo el mundo, con los ojos bien abiertos, para poder guardar en mi memoria todo aquello que pudiera hacerme falta en el futuro, ¡quien sabe lo que puede suceder!
Debe de ser un problema de orientación. Yo no le doy importancia, pero Ernesto me dice que es un problema muy serio, ya que nunca podré llegar a ningún sitio al que me proponga ir. Bueno, no será para tanto, además, tampoco es que tenga muchas aspiraciones.
Me sucede desde niño. Recuerdo que el profesor me tenía que acompañar al servicio cada vez que tenía que orinar, para que no me perdiese. Lo pasaba mal, porque los demás niños se reían de mi.
La adolescencia no fue tan mala, porque aunque no tenía amigos, a nadie de mi alrededor le sorprendía mi falta de orientación.
La cuestión es que es un tema espacial, porque consigo todo lo que me propongo, menos llegar a un sitio físico concreto, ¡no hay forma oye!
Ahora estoy embarcado en un proyecto que me tiene completamente absorbido; se trata del Mapa Universal, un mapa para poder llegar a cualquier parte del mundo, por inhóspito o insignificante que éste sea.
Pero es un tema complejo, ya que el mundo se transforma constantemente, y donde había un parque, ahora hay un centro comercial.
Google ha intentado hacer algo parecido, mandando coches con cámaras por todo el mundo, pero éstos coches no pueden llegar a todas partes, y además la información no está debidamente actualizada.
Tendré que hablar con la NASA, la única solución para mi proyecto está en una vigilancia constante de todos y cada uno de los rincones del mundo, y me consta que aunque esté prohibido por los estados, por violar el derecho de intimidad, los satélites de la NASA lo hacen.
De momento, seguiré recorriendo el mundo, con los ojos bien abiertos, para poder guardar en mi memoria todo aquello que pudiera hacerme falta en el futuro, ¡quien sabe lo que puede suceder!
sábado, 16 de mayo de 2015
Realidades
Sólo soy un vigilante de seguridad con pretensiones literarias. Trabajo en un "Lanbide"(Centro de Empleo Vasco); me siento en mi puesto, e intento escribir historias, mientras la gente pasa delante de mí, protagonizando la suya propia.
Era bajo y fornido. Su amplio estómago y su ropa, revelaban cierta dejadez, desmentida por la intensidad de su mirada.
- Hola - me dijo dándome la mano - venía a pedir el paro. Me acaban de despedir.
- Tienes que pedir una cita. Aquí tienes los teléfonos para llamar.
- ¿No me pueden atender ahora? Ya que estoy aquí.
- No, funcionan con citas.
Miró a la zona de prestaciones, y fue hacia allí. Después de hablar con uno de los funcionarios, se volvió a acercarse con un papel en la mano.
- Ya tengo la cita. Desde luego, están tocándose los huevos y no son capaces de atenderte.
- Son funcionarios, ya sabes.
- Si me dejaran a mi, les pondría las pilas. A base de hostias.
No sonreía, realmente lo habría hecho.
- ¿De que empresa eres?
- "Delma".
- Yo he estado en "Ceulen", y me han echado, ¡estando de baja! Era el jefe de equipo, y prescindieron el servicio por una cagada del vigilante. Como ya te he dicho, yo estaba de baja, y me echaron como responsable del equipo.
- Menuda putada.
- Les voy a meter un puerro que se van a enterar. Tengo al mejor abogado de la ciudad. No ha perdido ni un caso. Bueno, que tengas buen servicio.
Se despidió dándome la mano de nuevo.
Intenté volver a mi mundo interior, enquistado en otro ajeno y hostil.
Al día siguiente, volvió a la oficina, y vino directamente hacia mi.
- Que tal. Otra vez aquí, haber si arreglo los papeles y me tomo un par de meses de vacaciones.
- Siempre vienen bien.
- Ya me han ofrecido trabajo en "Prosur", pero no pienso cogerlo. La última vez que estuve allí, le cogí del pescuezo al inspector. Por poco me lo cargo.
Lo dijo como si hablara del tiempo.
- Igual dejo la seguridad - continuó - estoy cansado de todo esto. Siempre me mandan a sitios conflictivos: Estaciones, centros de menores, discotecas,... Tengo el cuerpo lleno de cicatrices. Una vez me dieron un navajazo en el estómago. Al tipo le rompí los brazos, las piernas, y varias costillas, además de la nariz y la mandíbula. Mientras le golpeaba, ni me enteré que tenía la navaja clavada. Tuvieron que separarme, que si no...... Estuve dos días en coma. Al tipo le cayeron 4 años por intento de asesinato. Bueno creo que me llaman.
Fue a paso seguro hacia la mesa donde había salido su número. Notaba el estómago revuelto.
"¿Qué hago aquí?" - me pregunté. - "como algún día pase algo serio......"
Yo nunca me he enfrentado con nadie, y menos físicamente. Si trabajo de vigilante, es porque no encuentro otra cosa, y no me pedían mucho. Además me permite escribir, aunque no sea en las mejores condiciones.
Vi como discutía con el funcionario. No me atreví a acercarme. Les observaba muy nervioso. De pronto se levantó y se acercó.
- Me dice que como tengo contrato de media jornada, voy a cobrar 400 euros, menuda mierda.
hablaba con rabia contenida, sin levantar la voz.
- Arriesgando la vida para cobrar 400 putos euros - decía mientras marcaba un número en su móvil -voy ha hablar con mi abogado, verás la que les va a caer.
Al cabo de un rato con el móvil en la oreja, colgó.
- No me coge.
Entonces se puso a escribir un mensaje.
- Me estoy calentando, vamos fuera a fumar un pitillo - me dijo.
Le obedecí, aunque no fumaba, y me desagradaba terriblemente el olor a tabaco.
- Verás cuando hable con mi abogado, se van a cagar.
Dio un par de caladas profundas.
- Es mejor que te tranquilices, a malas no se consigue nada - le dije, aunque parecía no oírme.
- Estuve trabajando de escolta en América. Mi protegido era de la CIA, se encargaba de vender armamento que en teoría tenían que destruir a gobiernos y terroristas de zonas en conflicto. Imagínate, estaba amenazado por todas las mafias. Me contrató después de estar de francotirador en Irak. En el tiempo que trabajé con él, sufrió 8 atentados. En uno de ellos, le salvé la vida. Aparecieron 2 furgonetas, una a cada lado del coche en el que circulábamos. Se bajaron varios terroristas, y ametrallaron el coche. Tuve que sacarle, y echarme encima de él. Nos disparaban desde los balcones. Yo maté a cuatro, pero me dieron el la rodilla. Mi protegido tuvo que llamar a un helicóptero, porque la bala era explosiva, y me llevaron a un centro especial del pentágono.
- ¡Menuda historia!
- Allí si que cobraba bien. Te traeré una nómina para que veas: 400 dólares al mes.
- Te los merecías.
- Bueno, que tengas buen servicio.
- Gracias.
Me senté en mi puesto, y cogí mi cuaderno y mi lápiz.
" ¡Pero en qué mundo vivo!, ahí está la realidad, cruel y despiadada, y yo aquí, en mi mundo,......"
No podía escribir nada.
Una anciana se me acercó.
- Oiga, ¿me puede ayudar? tengo que pedir una cita, y no me aclaro con estas máquinas.
- Si claro.
Nos acercamos al ordenador, y mecánicamente saqué la cita.
- ¡Muchísimas gracias! - me dijo emocionada - no podría haber sacado la cita sin su ayuda.
- No es nada - le dije distraído.
la anciana, hurgó en su bolso, y sacó un llavero con un dinosaurio de plástico.
- Tome, y muchas gracias.
A los días,volvió, y como de costumbre, se dirigió directamente a mí, y me dio la mano.
- Tengo que cambiar el número de cuenta.
- ¿Tienes cita?
- No, pero mírales, si están sin hacer nada.
Se acercó hacia allí. Me puse nervioso, pensaba que la iba a liar. Tras hablar con uno de los funcionarios, volvió sonriente.
- Me he pasado para nada, mañana tengo que volver, y para una chorrada como ésta.
- Ya sabes como funcionan.
- Me han vuelto ha llamar de "Prosur". No pienso trabajar para ellos. Se cargaron a mi hermano. Trabajaba para ellos, en un blindado. Sus compañeros intentaron robarlo, y lo mataron por no cooperar. Se me pone la carne de gallina cuando pienso en ello. Fue aquí mismo, en la rotonda; un coche le pegó por detrás y cayó desde el puente. La guardia civil me dijo que no haría nada, que estaban investigando, y a los meses les cogieron, aunque había peces gordos a los que no habían podido llegar. Les pedí que me dejaran con ellos en una habitación, sólo ellos y yo.....pero no me dejaron.
- Creo que fue mejor.
- No me habría importado pasar el resto de mi vida en la cárcel. Pero algún día saldrán, y entonces..........
Bueno, te dejo que tienes trabajo - me dijo al ver a una pareja con un niño de 6 años que se acercaba para preguntarme algo - buen servicio.
- Perdone, venimos a por la ayuda social.
- Si, mesa 4.
Volví a mis historias.
Al rato oí gritos, el chico de la pareja que me habían preguntado por las ayudas, estaba muy alterado.
- ¡A todos estos extranjeros que viven del cuento les dais ayudas, y a los de aquí que nos den!
- Mientras el piso sea vuestro....
-¡Estamos pagando la hipoteca!
- Pues tendrá que venderlo.
-¡Venderlo!
- Así son las cosas.
- ¡Claro, lo dices tú que tienes tu sueldo todos los meses!, ¡con mi dinero!
Me levanté y me acerqué, tenía que intervenir.
- ¡Eh, tranquilo!, ¡sobre todo educación, o tendré que echarte!
- ¡Tú ni te acerques!
Utilicé un truco que me suele funcionar en estas ocasiones: Centré mi atención en la respiración, y en la parte inferior de mi vientre, visualizando una esfera de luz. Me tranquilicé.
- Venga, tranquilo, sal un momento, relájate, y vuelve a entrar.
- ¡Una mierda!, ¡Venga vámonos!, ¡atajo de parásitos!
Cogió a su pareja del brazo, y la arrastró fuera. El niño les siguió sin comprender nada.
Por el calor que sentía en mis mejillas, debía de estar mar rojo que un tomate. Salí un rato fuera, me temblaba todo el cuerpo.
Al rato salió Marian, de prestaciones, para fumar.
- La gente está cada vez más alterada - me dijo.
- Y con razón. Oye, quería advertirte sobre el chico que ha venido antes sin cita, es una persona muy violenta, tienes que tratarle con mucho tacto.
- ¿El vigilante?
- Si, ha sido francotirador, y escolta de un traficante de armas.
- ¡Qué dices!, según su vida laboral se ha pasado los últimos 23 años como vigilante nocturno en una fundición.
Volví a mi puesto, me senté y cogí mi cuaderno para escribir. Enfrente, un niño de 3 años cogía una pelota, la tiraba, miraba a su madre, y corría alborotado para cogerla.
Era bajo y fornido. Su amplio estómago y su ropa, revelaban cierta dejadez, desmentida por la intensidad de su mirada.
- Hola - me dijo dándome la mano - venía a pedir el paro. Me acaban de despedir.
- Tienes que pedir una cita. Aquí tienes los teléfonos para llamar.
- ¿No me pueden atender ahora? Ya que estoy aquí.
- No, funcionan con citas.
Miró a la zona de prestaciones, y fue hacia allí. Después de hablar con uno de los funcionarios, se volvió a acercarse con un papel en la mano.
- Ya tengo la cita. Desde luego, están tocándose los huevos y no son capaces de atenderte.
- Son funcionarios, ya sabes.
- Si me dejaran a mi, les pondría las pilas. A base de hostias.
No sonreía, realmente lo habría hecho.
- ¿De que empresa eres?
- "Delma".
- Yo he estado en "Ceulen", y me han echado, ¡estando de baja! Era el jefe de equipo, y prescindieron el servicio por una cagada del vigilante. Como ya te he dicho, yo estaba de baja, y me echaron como responsable del equipo.
- Menuda putada.
- Les voy a meter un puerro que se van a enterar. Tengo al mejor abogado de la ciudad. No ha perdido ni un caso. Bueno, que tengas buen servicio.
Se despidió dándome la mano de nuevo.
Intenté volver a mi mundo interior, enquistado en otro ajeno y hostil.
Al día siguiente, volvió a la oficina, y vino directamente hacia mi.
- Que tal. Otra vez aquí, haber si arreglo los papeles y me tomo un par de meses de vacaciones.
- Siempre vienen bien.
- Ya me han ofrecido trabajo en "Prosur", pero no pienso cogerlo. La última vez que estuve allí, le cogí del pescuezo al inspector. Por poco me lo cargo.
Lo dijo como si hablara del tiempo.
- Igual dejo la seguridad - continuó - estoy cansado de todo esto. Siempre me mandan a sitios conflictivos: Estaciones, centros de menores, discotecas,... Tengo el cuerpo lleno de cicatrices. Una vez me dieron un navajazo en el estómago. Al tipo le rompí los brazos, las piernas, y varias costillas, además de la nariz y la mandíbula. Mientras le golpeaba, ni me enteré que tenía la navaja clavada. Tuvieron que separarme, que si no...... Estuve dos días en coma. Al tipo le cayeron 4 años por intento de asesinato. Bueno creo que me llaman.
Fue a paso seguro hacia la mesa donde había salido su número. Notaba el estómago revuelto.
"¿Qué hago aquí?" - me pregunté. - "como algún día pase algo serio......"
Yo nunca me he enfrentado con nadie, y menos físicamente. Si trabajo de vigilante, es porque no encuentro otra cosa, y no me pedían mucho. Además me permite escribir, aunque no sea en las mejores condiciones.
Vi como discutía con el funcionario. No me atreví a acercarme. Les observaba muy nervioso. De pronto se levantó y se acercó.
- Me dice que como tengo contrato de media jornada, voy a cobrar 400 euros, menuda mierda.
hablaba con rabia contenida, sin levantar la voz.
- Arriesgando la vida para cobrar 400 putos euros - decía mientras marcaba un número en su móvil -voy ha hablar con mi abogado, verás la que les va a caer.
Al cabo de un rato con el móvil en la oreja, colgó.
- No me coge.
Entonces se puso a escribir un mensaje.
- Me estoy calentando, vamos fuera a fumar un pitillo - me dijo.
Le obedecí, aunque no fumaba, y me desagradaba terriblemente el olor a tabaco.
- Verás cuando hable con mi abogado, se van a cagar.
Dio un par de caladas profundas.
- Es mejor que te tranquilices, a malas no se consigue nada - le dije, aunque parecía no oírme.
- Estuve trabajando de escolta en América. Mi protegido era de la CIA, se encargaba de vender armamento que en teoría tenían que destruir a gobiernos y terroristas de zonas en conflicto. Imagínate, estaba amenazado por todas las mafias. Me contrató después de estar de francotirador en Irak. En el tiempo que trabajé con él, sufrió 8 atentados. En uno de ellos, le salvé la vida. Aparecieron 2 furgonetas, una a cada lado del coche en el que circulábamos. Se bajaron varios terroristas, y ametrallaron el coche. Tuve que sacarle, y echarme encima de él. Nos disparaban desde los balcones. Yo maté a cuatro, pero me dieron el la rodilla. Mi protegido tuvo que llamar a un helicóptero, porque la bala era explosiva, y me llevaron a un centro especial del pentágono.
- ¡Menuda historia!
- Allí si que cobraba bien. Te traeré una nómina para que veas: 400 dólares al mes.
- Te los merecías.
- Bueno, que tengas buen servicio.
- Gracias.
Me senté en mi puesto, y cogí mi cuaderno y mi lápiz.
" ¡Pero en qué mundo vivo!, ahí está la realidad, cruel y despiadada, y yo aquí, en mi mundo,......"
No podía escribir nada.
Una anciana se me acercó.
- Oiga, ¿me puede ayudar? tengo que pedir una cita, y no me aclaro con estas máquinas.
- Si claro.
Nos acercamos al ordenador, y mecánicamente saqué la cita.
- ¡Muchísimas gracias! - me dijo emocionada - no podría haber sacado la cita sin su ayuda.
- No es nada - le dije distraído.
la anciana, hurgó en su bolso, y sacó un llavero con un dinosaurio de plástico.
- Tome, y muchas gracias.
A los días,volvió, y como de costumbre, se dirigió directamente a mí, y me dio la mano.
- Tengo que cambiar el número de cuenta.
- ¿Tienes cita?
- No, pero mírales, si están sin hacer nada.
Se acercó hacia allí. Me puse nervioso, pensaba que la iba a liar. Tras hablar con uno de los funcionarios, volvió sonriente.
- Me he pasado para nada, mañana tengo que volver, y para una chorrada como ésta.
- Ya sabes como funcionan.
- Me han vuelto ha llamar de "Prosur". No pienso trabajar para ellos. Se cargaron a mi hermano. Trabajaba para ellos, en un blindado. Sus compañeros intentaron robarlo, y lo mataron por no cooperar. Se me pone la carne de gallina cuando pienso en ello. Fue aquí mismo, en la rotonda; un coche le pegó por detrás y cayó desde el puente. La guardia civil me dijo que no haría nada, que estaban investigando, y a los meses les cogieron, aunque había peces gordos a los que no habían podido llegar. Les pedí que me dejaran con ellos en una habitación, sólo ellos y yo.....pero no me dejaron.
- Creo que fue mejor.
- No me habría importado pasar el resto de mi vida en la cárcel. Pero algún día saldrán, y entonces..........
Bueno, te dejo que tienes trabajo - me dijo al ver a una pareja con un niño de 6 años que se acercaba para preguntarme algo - buen servicio.
- Perdone, venimos a por la ayuda social.
- Si, mesa 4.
Volví a mis historias.
Al rato oí gritos, el chico de la pareja que me habían preguntado por las ayudas, estaba muy alterado.
- ¡A todos estos extranjeros que viven del cuento les dais ayudas, y a los de aquí que nos den!
- Mientras el piso sea vuestro....
-¡Estamos pagando la hipoteca!
- Pues tendrá que venderlo.
-¡Venderlo!
- Así son las cosas.
- ¡Claro, lo dices tú que tienes tu sueldo todos los meses!, ¡con mi dinero!
Me levanté y me acerqué, tenía que intervenir.
- ¡Eh, tranquilo!, ¡sobre todo educación, o tendré que echarte!
- ¡Tú ni te acerques!
Utilicé un truco que me suele funcionar en estas ocasiones: Centré mi atención en la respiración, y en la parte inferior de mi vientre, visualizando una esfera de luz. Me tranquilicé.
- Venga, tranquilo, sal un momento, relájate, y vuelve a entrar.
- ¡Una mierda!, ¡Venga vámonos!, ¡atajo de parásitos!
Cogió a su pareja del brazo, y la arrastró fuera. El niño les siguió sin comprender nada.
Por el calor que sentía en mis mejillas, debía de estar mar rojo que un tomate. Salí un rato fuera, me temblaba todo el cuerpo.
Al rato salió Marian, de prestaciones, para fumar.
- La gente está cada vez más alterada - me dijo.
- Y con razón. Oye, quería advertirte sobre el chico que ha venido antes sin cita, es una persona muy violenta, tienes que tratarle con mucho tacto.
- ¿El vigilante?
- Si, ha sido francotirador, y escolta de un traficante de armas.
- ¡Qué dices!, según su vida laboral se ha pasado los últimos 23 años como vigilante nocturno en una fundición.
Volví a mi puesto, me senté y cogí mi cuaderno para escribir. Enfrente, un niño de 3 años cogía una pelota, la tiraba, miraba a su madre, y corría alborotado para cogerla.
viernes, 24 de abril de 2015
Mundo real
Cogió el móvil con las manos temblorosas: ¡No había comentarios!, ¡Y eso que ya hacía 7 minutos que había escrito la última entrada en el faceboock!, ¡ni siquiera un me gusta! Miró nervioso alrededor; de las 12 personas que contó, 10 manipulaban absortos sus móviles, las otras 2 eran un niño de 2 años y una anciana. Volvió a mirar el móvil, ¡la pantalla estaba negra! Intentó encenderlo; nada. Se puso a sudar - "si lo acabo de cargar, no puede ser" -. Golpeó reiteradamente el botón de encendido, pero nada, el móvil no respondía.
Pasaron 3 horas; el cuerpo le temblaba cada vez con más violencia, eran casi convulsiones. Sudaba y le dolía la cabeza. Se apoyó en la pared, se le nublaba la vista; cerró los ojos, y perdió el sentido.
Cuando despertó, sintió frío, y aunque el temblor había remitido, persistía el dolor de cabeza. Buscó nervioso el móvil entre sus ropas; sintió un gran alivio al encontrarlo en el bolsillo derecho de su abrigo. Apretó el botón de encendido, y la realidad cayó de nuevo sobre su consciencia: No funcionaba.
- ¡No, no,no! - gritó, y lo arrojó con desesperación, haciéndose añicos.
En el cielo, los buitres sobrevolaban las ruinas de la ciudad.
Pasaron 3 horas; el cuerpo le temblaba cada vez con más violencia, eran casi convulsiones. Sudaba y le dolía la cabeza. Se apoyó en la pared, se le nublaba la vista; cerró los ojos, y perdió el sentido.
Cuando despertó, sintió frío, y aunque el temblor había remitido, persistía el dolor de cabeza. Buscó nervioso el móvil entre sus ropas; sintió un gran alivio al encontrarlo en el bolsillo derecho de su abrigo. Apretó el botón de encendido, y la realidad cayó de nuevo sobre su consciencia: No funcionaba.
- ¡No, no,no! - gritó, y lo arrojó con desesperación, haciéndose añicos.
En el cielo, los buitres sobrevolaban las ruinas de la ciudad.
domingo, 5 de abril de 2015
Campos de olvido
Muebles abandonados en medio de un prado, perfectamente alineados en ejes imaginarios, separados, con las puertas abiertas, los cajones sacados, las vacas pastando alrededor. Esta era la imagen que se repetía de lunes a viernes desde el asiento trasero del Renault 7 de mi padre, de camino al colegio.
Vivíamos en una barriada de edificios bajos y grises, construida al lado de la fábrica de cemento, donde trabajaba mi padre. Fue edificada para albergar a las familias de los cientos de trabajadores que en su día, entraron a trabajar en la fábrica, y que como mi padre, se habían visto obligados a salir de la capital para ganarse el sustento. Hoy en día, la mitad de las casas estaban alquiladas a inmigrantes, a causa de la crisis, que obligó a la fábrica a reducir su plantilla en tres cuartas partes. Ahora, los inmigrantes habían tomado posesión del barrio; grupos de chicos subsaharianos se pasaban el día riendo y fumando en los bancos de la plaza, mientras que las mujeres con velo, llevaban a sus morenos niños al parque.
El barrio se había convertido en un lugar extraño, ajeno, inexistente, como aquel prado donde se levantaban los muebles abandonados.
- ¡Miguel joder, no corras tanto!
José y yo bajábamos a tumba abierta con las bicicletas por las rampas del bidegorri. José se paró.
- ¡Estás loco, te vas a matar! - me gritó.
- ¡Nenaza!
Pedaleé con más fuerza, a causa de la adrenalina, que nublaba mi percepción del peligro.
- ¡Dios!, ¡pero que hace!
Cuando llegó José a mi lado, yo me encontraba tumbado sobre una bala de paja, con las manos bajo la nuca, mirando al cielo.
- ¡Has tardado! - le dije sin mirarle.
- ¡Estás completamente loco!, ¡cuando te la des, no pienso ser yo quien recoja tus pedacitos esparcidos por el suelo!
Me reí.
- pareces mi madre.
José dejó su bici junto a la mía, y saltó la valla para pasar al prado donde me encontraba.
- ¿Qué coño hacen esos muebles allí? - dijo.
- No lo se, los veo todos los días al ir al colegio. Venga, vamos - le dije, bajándome le la bala de paja.
- ¿A donde?
- Esto tiene que ser de alguien.
Nos dirigimos a un viejo caserón que había cerca. Se levantaba como un mueble más dentro del prado, con las puertas y ventanas abiertas de par en par.
- ¿Que coño haces? - me dijo José al ver que me dirigía a la puerta.
- ¡Joder! - volvió a gritar cuando me metí en la casa.
Dentro no había nada extraordinario, al contrario, reinaba cierto anodino orden, y la decoración, aunque antigua, mostraba, no buen gusto, pero tampoco malo.
- ¡Puede venir alguien, vámonos! - me gritó José, asomándose a la puerta.
Yo lo miraba todo con curiosidad, fascinación.
- ¡Aquí no hay nada que ver! - volvió a gritar, nervioso, José.
Salí de la casa.
- ¿qué diablos pensabas encontrar?
- No lo se................
El ruido de motor de un coche que se acercaba nos interrumpió. Echamos a correr por el prado. De pronto, José se quedó muy quieto, mirando el interior de unos de los armarios abiertos del prado, al que le faltaba la parte de atrás.
- ¿Qué haces? - grité.
Vi como José se metía en el armario.
- ¡Joder! - grité, y me acerqué; ¡no había ni rastro de él. Miré a través del armario, una vaca, a diez metros, me miraba rumiante.
- ¡Eh tú, que haces aquí! - escuché a mi espalda.
Salí corriendo, salté la valla, y cogí la bici. Pedaleé con todas mis fuerzas hasta llegar a casa.
Es la última vez que vi a José, o eso creo............................
- ¡Papá,papá!, ¿Qué hacen allí esos muebles?
- No lo se, llevan allí toda la vida.
- ¡Para papá, quiero jugar allí!
- Ahora no, tenemos que ir al colegio.
Miguel dejó a su hijo en el colegio, y volvió por la misma carretera.Paró en la cuneta, al lado de una roñosa bicicleta abandonada. Saltó la valla, y deambuló entre los armarios y las vacas, como una vaca más. Se acercó al viejo caserón. No parecía más deteriorado de como lo recordaba. La puerta estaba abierta, igual que las ventanas; y entró.
- ¡Hola!
Un hombre de aproximadamente su misma edad se levantó del sillón donde estaba leyendo.
- Vaya, perdone.
El hombre le miró sorprendido.
- Es que..........he tenido un problema con el coche......y me he quedado sin batería en el móvil.........
- Si, si, claro, ahí tiene el teléfono - le dijo señalándole una mesita que se encontraba al lado de la ventana.
- Gracias.
Miguel, visiblemente nervioso, hizo como si marcaba.
- Si, hola,...........,creo que es el motor de arranque..........de acuerdo...............gracias. Bueno, listo, vendrá enseguida la grúa.
El hombre y Miguel se quedaron mirándose, como si se reconocieran de repente.
- Oiga, ¿es suyo el prado que está al lado de la casa?
- No............¿porqué?
- No, por nada,..............bueno, pues gracias por todo.
- De nada.
Miguel salió de la casa. Al volver la mirada, vio al hombre en el porche, que le saludó con la mano. Cruzó el prado, y se paró frente a un armario. Al día siguiente, el coche de Miguel seguía allí, en la cuneta, al lado de la vieja bicicleta abandonada, como un mueble más.
Vivíamos en una barriada de edificios bajos y grises, construida al lado de la fábrica de cemento, donde trabajaba mi padre. Fue edificada para albergar a las familias de los cientos de trabajadores que en su día, entraron a trabajar en la fábrica, y que como mi padre, se habían visto obligados a salir de la capital para ganarse el sustento. Hoy en día, la mitad de las casas estaban alquiladas a inmigrantes, a causa de la crisis, que obligó a la fábrica a reducir su plantilla en tres cuartas partes. Ahora, los inmigrantes habían tomado posesión del barrio; grupos de chicos subsaharianos se pasaban el día riendo y fumando en los bancos de la plaza, mientras que las mujeres con velo, llevaban a sus morenos niños al parque.
El barrio se había convertido en un lugar extraño, ajeno, inexistente, como aquel prado donde se levantaban los muebles abandonados.
- ¡Miguel joder, no corras tanto!
José y yo bajábamos a tumba abierta con las bicicletas por las rampas del bidegorri. José se paró.
- ¡Estás loco, te vas a matar! - me gritó.
- ¡Nenaza!
Pedaleé con más fuerza, a causa de la adrenalina, que nublaba mi percepción del peligro.
- ¡Dios!, ¡pero que hace!
Cuando llegó José a mi lado, yo me encontraba tumbado sobre una bala de paja, con las manos bajo la nuca, mirando al cielo.
- ¡Has tardado! - le dije sin mirarle.
- ¡Estás completamente loco!, ¡cuando te la des, no pienso ser yo quien recoja tus pedacitos esparcidos por el suelo!
Me reí.
- pareces mi madre.
José dejó su bici junto a la mía, y saltó la valla para pasar al prado donde me encontraba.
- ¿Qué coño hacen esos muebles allí? - dijo.
- No lo se, los veo todos los días al ir al colegio. Venga, vamos - le dije, bajándome le la bala de paja.
- ¿A donde?
- Esto tiene que ser de alguien.
Nos dirigimos a un viejo caserón que había cerca. Se levantaba como un mueble más dentro del prado, con las puertas y ventanas abiertas de par en par.
- ¿Que coño haces? - me dijo José al ver que me dirigía a la puerta.
- ¡Joder! - volvió a gritar cuando me metí en la casa.
Dentro no había nada extraordinario, al contrario, reinaba cierto anodino orden, y la decoración, aunque antigua, mostraba, no buen gusto, pero tampoco malo.
- ¡Puede venir alguien, vámonos! - me gritó José, asomándose a la puerta.
Yo lo miraba todo con curiosidad, fascinación.
- ¡Aquí no hay nada que ver! - volvió a gritar, nervioso, José.
Salí de la casa.
- ¿qué diablos pensabas encontrar?
- No lo se................
El ruido de motor de un coche que se acercaba nos interrumpió. Echamos a correr por el prado. De pronto, José se quedó muy quieto, mirando el interior de unos de los armarios abiertos del prado, al que le faltaba la parte de atrás.
- ¿Qué haces? - grité.
Vi como José se metía en el armario.
- ¡Joder! - grité, y me acerqué; ¡no había ni rastro de él. Miré a través del armario, una vaca, a diez metros, me miraba rumiante.
- ¡Eh tú, que haces aquí! - escuché a mi espalda.
Salí corriendo, salté la valla, y cogí la bici. Pedaleé con todas mis fuerzas hasta llegar a casa.
Es la última vez que vi a José, o eso creo............................
- ¡Papá,papá!, ¿Qué hacen allí esos muebles?
- No lo se, llevan allí toda la vida.
- ¡Para papá, quiero jugar allí!
- Ahora no, tenemos que ir al colegio.
Miguel dejó a su hijo en el colegio, y volvió por la misma carretera.Paró en la cuneta, al lado de una roñosa bicicleta abandonada. Saltó la valla, y deambuló entre los armarios y las vacas, como una vaca más. Se acercó al viejo caserón. No parecía más deteriorado de como lo recordaba. La puerta estaba abierta, igual que las ventanas; y entró.
- ¡Hola!
Un hombre de aproximadamente su misma edad se levantó del sillón donde estaba leyendo.
- Vaya, perdone.
El hombre le miró sorprendido.
- Es que..........he tenido un problema con el coche......y me he quedado sin batería en el móvil.........
- Si, si, claro, ahí tiene el teléfono - le dijo señalándole una mesita que se encontraba al lado de la ventana.
- Gracias.
Miguel, visiblemente nervioso, hizo como si marcaba.
- Si, hola,...........,creo que es el motor de arranque..........de acuerdo...............gracias. Bueno, listo, vendrá enseguida la grúa.
El hombre y Miguel se quedaron mirándose, como si se reconocieran de repente.
- Oiga, ¿es suyo el prado que está al lado de la casa?
- No............¿porqué?
- No, por nada,..............bueno, pues gracias por todo.
- De nada.
Miguel salió de la casa. Al volver la mirada, vio al hombre en el porche, que le saludó con la mano. Cruzó el prado, y se paró frente a un armario. Al día siguiente, el coche de Miguel seguía allí, en la cuneta, al lado de la vieja bicicleta abandonada, como un mueble más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)